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Isabel muñoz

Fotógrafo invitado al festival Planche (s) Contact en 2018

Mitad hombre mitad bestia

Isabel muñoz Nació en Barcelona en 1951, pero fue en Madrid donde estableció su estudio en 1970 y diseñó la mayor parte de su trabajo. En 1979, decidió dedicar su vida a la fotografía. Prensa, publicidad, cine: la fotografía por encargo será su entrada en este mundo. En 1982, estudió artes visuales en la Universidad de Rochester. En Maine, descubre técnicas antiguas y aprende a dominar la luz. Continuó su enseñanza en ICP, Centro Internacional de Fotografía en Nueva York, y se familiarizó con el gran formato.

Man Ray, Tina Modotti, Lewis Carroll, Claude Cahun, Cindy Sherman, Tom de Finlandia pueblan su biblioteca y son los pilares de su inspiración. Apasionada y gran técnica, es reconocida como una de las especialistas más calificadas en algunos de los procesos fotográficos más "nobles" como el platinotipo. Isabel Muñoz ganó en 2016 el premio nacional de fotografía otorgado por el Ministerio de Cultura español. Esta distinción siguió a una exposición presentada en Tabacalera en Madrid del 27 de abril al 17 de junio de 2018, La antropología de los sentimientos., y al trabajo homónimo. 

François Cheval, comisario de la exposición, sobre la exposición Isabel Muñoz, Mitad hombre mitad bestia
"Al fotografiarnos, la imagen de este animal con el que tenemos una relación tan especial, el caballo, actúa como repelente sobre nosotros. ¡Qué más insoportable, de hecho, que estas bestias rústicas y musculosas que emergen del agua cubiertas de espuma! Siguiendo el ejemplo de estas imágenes publicadas de una Camarga idealizada, hacen imposible cualquier intento fotográfico sobre el tema. Aquí, sin miedo alguno, Isabel Muñoz reinventa al centauro. Mitad hombre, mitad bestia, la figura mitológica compone una forma contemporánea. Cuando uno hace víctima del otro, cuando el hombre sacrifica su parte de la naturaleza, qué más actual que este ser híbrido, una reconciliación perfecta, no de oposiciones, sino de complementariedades. Amo del tiempo, la fotografía tiene la ventaja de poder fusionar temporalmente humanidad y animalidad. Las formas, los músculos se funden en un entrelazado de tonos contrastantes. El poder se combina con la elegancia en un mundo finalmente reunificado. En Isabel Muñoz, toda representación tiene un valor simbólico. Evidentemente, evoca un mundo ejemplar en oposición al mundo real. En este país imaginario, si no ideal, armonioso, se combinan las virtudes de uno y otro. Donde la mitología clasifica al centauro en la categoría de animales fantásticos, Isabel Muñoz lo pone como modelo. Es en la reducción de las brechas donde se establece la originalidad del tema de la fotógrafa que, en la continuidad de su trabajo, se opone a cualquier estandarización. Escapar de clasificaciones, cuerpos y actitudes desafían el orden establecido. La ambigüedad es el único estándar de una fotografía que no tiene otra ambición simbólica que hacernos ver de otra manera, es decir, ¡pensar mal! 
Volviendo a los orígenes, el fotógrafo, bajo la influencia de Empédocles, recompone la primera generación de seres animados, compuestos solo por miembros dispersos. Resultados de collages improbables, estas criaturas compuestas entregan conocimiento de iniciación. El poder acumulativo de los fragmentos dispuestos en formas inusuales les permite revelarnos el conocimiento enterrado. ¿Qué nos tienen que enseñar? Dejando el mar cuando todo era solo agua y oscuridad, son los guardianes de un orden natural que hoy es volcado, destruido. Sobreviviendo al diluvio, inmortal, estas representaciones simbólicas nos muestran el camino e inician la sabiduría.
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